
Historia de la Electromovilidad en Bogotá: El Auge de las Motos Eléctricas
Descubre la evolución de las motos eléctricas en Bogotá: desde los primeros modelos hasta el boom actual. Historia, retos y futuro de la electromovilidad en Colombia.

Descubre la evolución de las motos eléctricas en Bogotá: desde los primeros modelos hasta el boom actual. Historia, retos y futuro de la electromovilidad en Colombia.
Bogotá, una de las ciudades más dinámicas y congestionadas de América Latina, ha sido escenario de una transformación silenciosa pero poderosa en materia de movilidad urbana. Las motos eléctricas han pasado de ser una curiosidad tecnológica a convertirse en una solución real para miles de bogotanos que buscan desplazarse de manera más eficiente, económica y sostenible. En este artículo, exploramos la historia de la electromovilidad en la capital colombiana, sus hitos más importantes, los retos que ha enfrentado y el prometedor futuro que le espera.
La historia de las motos eléctricas en Bogotá comienza de manera tímida a principios de la década de 2010. En ese entonces, algunos importadores visionarios comenzaron a traer al país los primeros modelos de scooters eléctricos provenientes de China y Europa, principalmente para nichos muy específicos como empresas de mensajería y usuarios con alta conciencia ambiental.
Sin embargo, la infraestructura de carga era prácticamente inexistente, la autonomía de las baterías era limitada y el desconocimiento del público general era enorme. A pesar de estas barreras, pequeñas comunidades de entusiastas comenzaron a adoptar estas motocicletas, sentando las bases de lo que vendría después.
Un punto de inflexión crucial llegó con la implementación de políticas públicas que incentivaron la adopción de vehículos eléctricos en Colombia. La Ley 1964 de 2019, conocida como la Ley de Movilidad Eléctrica, fue un hito legislativo fundamental. Esta norma estableció beneficios tributarios significativos para la adquisición de vehículos eléctricos, incluyendo la reducción del IVA al 5% y la exención del impuesto de matrícula en varios municipios del país.
En Bogotá, la administración distrital complementó estas medidas con iniciativas propias, como la exención del pico y placa para vehículos eléctricos, lo que representó un incentivo enorme para los motociclistas que utilizan sus vehículos para trabajar. Según datos del Ministerio de Transporte de Colombia, para el año 2022 ya se habían matriculado más de 20.000 motos eléctricas en todo el país, con Bogotá liderando las cifras de adopción.
Si hay un período que marcó un antes y un después en la historia de la electromovilidad en Bogotá, ese fue el comprendido entre 2020 y 2024. Varios factores convergieron para acelerar de manera exponencial la adopción de motos y scooters eléctricos en la ciudad.
La pandemia de COVID-19 transformó radicalmente los hábitos de consumo de los colombianos. El auge de plataformas de domicilios como Rappi, iFood y Domicilios.com generó una demanda masiva de mensajeros y repartidores. Muchos de estos trabajadores descubrieron en las motos eléctricas una herramienta de trabajo ideal: menores costos operativos, sin restricciones de pico y placa, y una imagen más moderna y sostenible.
Empresas como Rappi comenzaron a implementar programas para que sus repartidores migraran hacia vehículos eléctricos, incluso ofreciendo facilidades de financiamiento. Este movimiento fue determinante para masificar el uso de motos eléctricas en las calles bogotanas.
El mercado colombiano comenzó a recibir una oferta cada vez más diversa y competitiva de motos eléctricas. Marcas como Voltz Motors, Stark Motors, Yadea, NIU y Sunra ganaron presencia en el mercado local, ofreciendo modelos con mejor autonomía, diseños más atractivos y precios más accesibles. La competencia entre fabricantes impulsó una mejora continua en la tecnología de baterías y en las prestaciones generales de los vehículos.
Para 2023, era posible adquirir una moto eléctrica de buena calidad en Colombia por entre 4 y 8 millones de pesos, un rango de precio que la hacía competitiva frente a las motos de gasolina de segmento similar. Además, el costo de recarga equivalía a apenas una fracción del gasto en combustible, lo que representaba un ahorro mensual significativo para el usuario promedio.
Uno de los principales obstáculos que ha enfrentado la electromovilidad en Bogotá ha sido el desarrollo de infraestructura de carga pública. A diferencia de los vehículos de gasolina, que pueden repostar en cualquiera de las miles de estaciones de servicio distribuidas por la ciudad, las motos eléctricas dependen de puntos de carga que históricamente han sido escasos.
No obstante, la situación ha mejorado considerablemente. La Empresa de Energía de Bogotá (EEB) y otras entidades han invertido en la instalación de estaciones de carga en puntos estratégicos de la ciudad. Centros comerciales, universidades, parques empresariales y estaciones de TransMilenio han comenzado a incorporar puntos de carga para vehículos eléctricos.
Una ventaja que pocos consideran al inicio es que la mayoría de los usuarios de motos eléctricas en Bogotá cargan sus vehículos en casa, durante la noche. Dado que el tiempo de carga completa oscila entre 4 y 8 horas dependiendo del modelo, muchos motociclistas simplemente conectan su moto al llegar a casa y amanecen con la batería lista. Este hábito ha reducido significativamente la dependencia de la infraestructura pública de carga.
Bogotá es una ciudad que históricamente ha luchado contra altos niveles de contaminación atmosférica. Según el Índice de Calidad del Aire de Bogotá, el material particulado y los óxidos de nitrógeno provenientes del parque automotor han sido una de las principales causas de problemas respiratorios en la población. En este contexto, la transición hacia motos eléctricas representa un aporte real a la mejora de la calidad del aire.
Un estudio de la Universidad de los Andes estimó que una moto eléctrica emite hasta un 70% menos de gases de efecto invernadero a lo largo de su vida útil en comparación con una moto de gasolina equivalente, considerando incluso la generación eléctrica de la red colombiana. Con la creciente participación de energías renovables en la matriz energética del país, este porcentaje seguirá mejorando.
Desde el punto de vista social, las motos eléctricas han democratizado el acceso a una movilidad más eficiente para sectores de la población que dependen de la moto como herramienta de trabajo. Los ahorros en combustible y mantenimiento pueden representar entre 300.000 y 500.000 pesos mensuales para un mensajero de tiempo completo, una diferencia sustancial en la economía familiar.
A pesar de los avances, la electromovilidad en Bogotá aún enfrenta desafíos importantes que deben ser abordados para consolidar su crecimiento.
Con el aumento del parque de motos eléctricas, surge la pregunta sobre qué hacer con las baterías cuando terminan su ciclo de vida. Colombia aún está desarrollando una industria de reciclaje y reaprovechamiento de baterías de litio, y es fundamental que las políticas públicas y la iniciativa privada trabajen juntas para evitar que este residuo se convierta en un problema ambiental.
Aunque los precios han bajado considerablemente, el costo inicial de una moto eléctrica sigue siendo una barrera para algunos segmentos de la población. Ampliar las opciones de financiamiento, especialmente para trabajadores informales que no tienen acceso al sistema bancario tradicional, es un reto pendiente.
La mecánica de las motos eléctricas es diferente a la de los vehículos de combustión interna. Bogotá necesita una red más amplia de técnicos especializados y talleres certificados para atender el creciente parque de motos eléctricas. Instituciones como el SENA ya han comenzado a incorporar programas de formación en electromovilidad, lo cual es un paso en la dirección correcta.
No. Actualmente, las motos y vehículos eléctricos están exentos de la restricción de pico y placa en Bogotá, lo que representa una ventaja enorme para quienes las utilizan como herramienta de trabajo o para desplazamientos diarios.
El costo de carga varía según el modelo y la capacidad de la batería, pero en promedio, una carga completa desde el hogar cuesta entre 1.500 y 4.000 pesos colombianos, dependiendo de la tarifa eléctrica y la capacidad de la batería.
Los modelos más populares en el mercado colombiano ofrecen autonomías que van desde los 60 km hasta los 120 km por carga, suficiente para la mayoría de los desplazamientos urbanos en Bogotá.
El proceso es similar al de cualquier otro vehículo: factura de compra, SOAT, revisión técnico-mecánica (cuando aplique) y trámite ante el Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT). Adicionalmente, se pueden aplicar los beneficios tributarios establecidos en la Ley 1964 de 2019.
Sí. Para conducir una moto eléctrica en Colombia se requiere licencia de conducción categoría A2 (para motos entre 125cc y 500cc equivalente) o la categoría correspondiente según la potencia del vehículo, de acuerdo con la normativa del Ministerio de Transporte.
La historia de la electromovilidad en Bogotá es una historia de transformación gradual pero imparable. Desde los primeros scooters eléctricos que circulaban casi de manera experimental, hasta el vibrante mercado actual con decenas de marcas y modelos disponibles, las motos eléctricas han demostrado ser una solución viable, económica y sostenible para la movilidad urbana en la capital colombiana. Los retos que quedan por superar, como la infraestructura de carga, el reciclaje de baterías y el acceso al financiamiento, son reales pero manejables con voluntad política y empresarial. El futuro de la movilidad en Bogotá es eléctrico, y quienes se sumen a esta revolución hoy estarán un paso adelante. ¿Ya estás considerando hacer el cambio a una moto eléctrica? Déjanos tu comentario y cuéntanos tu experiencia o tus dudas. ¡Estamos aquí para ayudarte a tomar la mejor decisión!